A lo largo de esta Semana Santa, hemos ido viviendo los Misterios de la Pasión del Señor. Nuestro corazón, aún pobre y débil, ha deseado «entrar» en los sentimientos del Señor Jesús y compartir con Él ESTA PASCUA contemplando su Palabra y contemplando su acción salvadora en nuestros pequeños aconteceres.
Y ahora, en la oscuridad de la noche, como una NUEVA CREACIÓN, el Señor vuelve a pronunciar su «Hágase» sobre nuestras vidas, en nuestra cotidianidad y ¡SE HACE LA LUZ!
¡Y VIO DIOS QUE LA LUZ ERA BUENA!
SE HACE LA LUZ… y esa LUZ es el HIJO AMADO que viene Resucitado envolviendo nuestra noche con el abrazo de su claridad.
SE HACE LA LUZ… y se disipan las tinieblas de la tristeza y la semilla del gozo comienza a brotar en lo más hondo del corazón.
SE HACE LA LUZ… y como un manto, la comprensión y la compasión se dan la mano germinando la fraternidad.
SE HACE LA LUZ… y con ella ¡NACE LA ESPERANZA! Sí, la esperanzada de que en la MUERTE y en la VIDA somos YA PARA SIEMPRE DEL SEÑOR que nos AMÓ hasta dar su vida.
¡CELEBREMOS LA PASCUA CON LOS PANES DEL AMOR DELICADO QUE BAJA AL DETALLE!
Ese pan que el Señor partió y nos brindó en la Última Cena y, ahora, RESUCITADO es compañero en el CAMINO, AMIGO en nuestras SOLEDADES, ALIMENTO QUE SACIA DE VERAS EL CORAZÓN.
¡EN VERDAD HA RESUCITADO Y SE HA HECHO LA LUZ!







