Nuestros alumnos de Infantil han vivido una experiencia inolvidable en la Granja Escuela Fuente Redonda, donde la naturaleza se ha transformado en el mejor escenario para aprender de manera vivencial, activa y emocionante.
Desde el momento en que llegaron, la ilusión y la curiosidad se reflejaban en sus miradas. Rodeados de campos abiertos, aire puro y sonidos naturales, nuestros pequeños exploradores descubrieron que el aprendizaje puede ir mucho más allá del aula.
Allí, cada rincón ofrecía una oportunidad para observar, preguntar, tocar y experimentar.
Durante la jornada, pudieron conocer de cerca a diferentes animales de la granja, acercándose a ellos con respeto y entusiasmo. Observaron sus movimientos, escucharon sus sonidos, tocaron su pelaje y comprendieron la importancia de cuidarlos y protegerlos.
A través de los sentidos, el aprendizaje se volvió real, cercano y lleno de significado. No solo aprendieron cómo viven los animales, sino también valores como la responsabilidad, la empatía y el respeto por la naturaleza.
La experiencia no terminó ahí. Nuestros alumnos también se convirtieron en auténticos cocineros por un día. Con las manos en la masa y una gran sonrisa, prepararon unas deliciosas arepas. Esta actividad les permitió trabajar la autonomía, seguir instrucciones sencillas, colaborar con sus compañeros y disfrutar del placer de crear algo propio. Cocinar juntos fue, además, una oportunidad para compartir, esperar turnos, ayudarse mutuamente y celebrar el resultado final como un verdadero equipo.
Esta salida ha sido también el punto de partida de un nuevo proyecto que comenzarán próximamente en el aula: el estudio del caballo. Tras la visita, han surgido preguntas, hipótesis y una enorme curiosidad por conocer más sobre este animal. Partir de una experiencia real y significativa nos permite conectar la emoción con el aprendizaje, despertando el interés natural de los niños y niñas.
En nuestro colegio creemos firmemente en una enseñanza en la que pensar, sentir y hacer van de la mano. Apostamos por un aprendizaje manipulativo, donde los niños experimentan con materiales reales, exploran su entorno y construyen conocimientos a partir de vivencias auténticas. Porque cuando el aprendizaje se vive con el cuerpo, el corazón y la mente, se convierte en un recuerdo que deja huella.
Sin duda, esta aventura en la granja no ha sido solo una excursión, sino una experiencia educativa completa que refuerza valores, despierta vocaciones y siembra el deseo de seguir descubriendo el mundo.







