Ser santos, ser hermanos: el camino de la santidad se vive en comunidad

Hoy hemos vivido una jornada muy especial en nuestro colegio, en la que hemos celebrado la vida y el testimonio de tantos hombres y mujeres que, siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, hicieron de su vida un camino de amor, entrega y servicio a los demás.

Hemos recordado especialmente a algunos grandes santos franciscanos y figuras vinculadas a nuestra espiritualidad: San Antonio de Padua, Santa Clara de Asís, San Luis, rey de Francia —representado en el retablo de nuestra iglesia—, y Santa Isabel de Hungría, titular de nuestro colegio y ejemplo de generosidad, humildad y compromiso con los más necesitados.

Todos ellos nos enseñan que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir lo cotidiano de una manera extraordinaria: con un corazón abierto a Dios y dispuesto a amar a los demás. A través de la oración, de los pequeños gestos de cada día y de las grandes decisiones tomadas por amor al Señor, descubrieron que la verdadera felicidad nace de la comunión con Dios y con nuestros hermanos. Porque la santidad es caminar juntos, compartir, perdonar, cuidar y hacer del amor nuestra forma de vida. ¡Eso es el cielo!

 

Durante esta mañana también hemos tenido muy presentes en nuestra oración a las víctimas del accidente de tren, así como a sus familias y a todas las personas que están viviendo momentos de dolor e incertidumbre. En este contexto, hemos querido recordar a tantos «santos de la puerta de al lado», como los llamaba el Papa Francisco: personas sencillas que, sin buscar protagonismo, son capaces de entregarse a los demás, ofreciendo su tiempo, su ayuda, su consuelo y su escucha cuando más se necesitan. Personas que nos recuerdan que la bondad y la solidaridad también hacen presente el amor de Dios en medio de nosotros.

Queremos expresar, además, nuestro más sincero agradecimiento a las hermanas clarisas de nuestra localidad por abrirnos las puertas de su casa y acogernos con tanto cariño. Su testimonio de oración, sencillez y fraternidad es para toda nuestra comunidad educativa una invitación a seguir creciendo en la fe y a descubrir la alegría de vivir unidos.

Que el ejemplo de estos santos nos anime a construir cada día un colegio más fraterno, donde cada persona se sienta acogida, querida y acompañada. Que aprendamos a reconocer la santidad en los pequeños detalles y a descubrir que, cuando vivimos desde el amor, nos acercamos un poquito más al cielo.

Porque ser santos es ser hermanos. Y ser hermanos es aprender a amar como Jesús nos enseñó.

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