Y nos salió el sol por Antequera… ¡una jornada llena de historia, cultura y fraternidad!

Hay días que se quedan grabados en la memoria y experiencias que iluminan mucho más que un cielo despejado. Nuestra visita a Antequera ha sido una de ellas: una jornada inolvidable en la que hemos disfrutado de su patrimonio histórico, hemos descubierto lugares llenos de significado y, sobre todo, hemos compartido momentos que nos unen como comunidad educativa.

Nos salió el sol en Los Dólmenes de Antequera, donde nos quedamos maravillados ante estas construcciones milenarias, testigos de una historia que comenzó hace miles de años. Allí pudimos acercarnos a la vida de nuestros antepasados y descubrir cómo aquellas grandes piedras nos hablan de comunidad, esfuerzo, organización, convivencia y memoria. Un auténtico viaje en el tiempo que nos permitió valorar la riqueza de nuestro patrimonio.

También nos salió el sol en la Alcazaba, un lugar privilegiado desde el que contemplar la ciudad y conocer un poquito más de su pasado. Entre murallas, torres y rincones llenos de historia, descubrimos las huellas de las diferentes culturas que han dejado su legado en Antequera. Y, por supuesto, disfrutamos de unas vistas espectaculares que hicieron aún más especial nuestra visita.

Pero uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó al pisar el suelo sagrado de la Casa Madre. Entrar en aquellos espacios donde Madre Carmen vivió y entregó su vida al servicio de Dios y de los demás fue una experiencia cargada de emoción. Poder acercarnos a los lugares que formaron parte de su historia, conocer la intimidad de su habitación y sentir tan cerca su legado nos ayudó a comprender mejor la grandeza de una vida entregada al amor, la fe y la educación. La cálida acogida recibida en el Colegio de la Victoria hizo que nos sintiéramos como en casa. Nos llevamos en el corazón este encuentro tan especial con nuestras raíces y nuestra identidad.

Y, entre recorrido y recorrido, también hubo espacio para las sorpresas. Recorriendo las calles, cuestas y escaleras de la ciudad, tuvimos el placer de coincidir con Manolo Barón, alcalde de Antequera, a quien agradecemos sinceramente su cercanía, amabilidad y atención.

Sin embargo, si algo hizo verdaderamente especial este día fue todo aquello que no aparecía en ningún itinerario: los momentos compartidos, las conversaciones espontáneas, las risas improvisadas, el montadito disfrutado en buena compañía y la alegría de descubrir que cada experiencia es mucho más bonita cuando se vive juntos.

Porque las excursiones también son oportunidades para aprender fuera del aula, fortalecer nuestros vínculos, crecer como personas y crear recuerdos que nos acompañarán durante mucho tiempo.

Regresamos con la mochila llena de nuevos conocimientos, el corazón lleno de gratitud y la certeza de que Antequera nos ha regalado mucho más que un día de sol.

 

¡Que vuelva a salir el sol, siempre! Y que nunca nos falten motivos para seguir aprendiendo, compartiendo y disfrutando del camino juntos.

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